Diana Quintero, fundadora de Santa Crux, nos revela en Detrás del Like cómo rescató una tradición monposina y la transformó en tendencia entre celebridades, diseñadores y nuevos públicos.
En un mundo donde los productos en serie dominan, una joya hecha a mano brilla diferente. Diana Quintero lo entendió desde que era niña, cuando se deslumbró por la delicadeza de las joyas que sus tías y abuelas guardaban como tesoros. Hoy, esa fascinación infantil se convirtió en Santa Crux, una marca que rescata la filigrana de Mompox y la proyecta hacia el futuro, sin perder sus raíces.
Diana comparte cómo pasó de ser publicista a orfebre, creadora, mamá y empresaria de una marca que ya ha llegado a pasarelas de moda, ferias internacionales y manos de reconocidas celebridades.
“Santa Crux nace del amor. Amor por lo que soy, por mis raíces y por lo que quiero dejarle al mundo”, dice Diana.
Su historia comenzó literalmente entre dos mundos. Mientras estudiaba inglés en Canadá, Diana se llevó insumos de plata y comenzó a diseñar sus primeras piezas. Hacía pines, dijes y accesorios, y terminó vendiéndolos incluso a profesores. Pero no se quedó ahí: volvió a Colombia y se metió de lleno a aprender orfebrería de verdad.
“Estudié con los maestros de Mompox. Me quemé las manos, fundí metales, me gradué con ellos en el SENA. Yo necesitaba entender, respetar y dominar el oficio que quería transformar”, cuenta.
Joyas que cuentan historias (y que se vuelven virales)
Santa Crux no solo crea aretes, septums y collares. Crea relatos. Sus diseños están inspirados en la fauna y flora colombiana, y cada pieza lleva consigo un significado emocional: tigres que protegen, lobos que simbolizan la manada, loros que traen alegría.
“No vendo por vender. Quiero que quien compre una joya mía sienta que tiene algo único, con propósito”.
Y así lo ha logrado. Una de sus piezas más recordadas fue un diseño basado en el tejido de una mecedora tradicional, que la catapultó a una pasarela nacional en 2010 durante el Bicentenario. Desde entonces, celebridades, modelos e influencers han usado Santa Crux en campañas, alfombras y vitrinas digitales.
Emprender con alma, redes y constancia
Diana reconoce que no nació siendo experta en redes sociales, pero que ha aprendido a humanizar su marca. “Santa Crux también soy yo”, dice, y por eso ahora está más presente en sus contenidos, en sus historias y en cada post que cuenta una emoción o refleja un proceso de creación.
Diana no solo dirige Santa Crux. También trabaja en el distrito, en Bogotá, y es mamá de una bebé de 6 meses. Y aunque ahora delega más, su amor por su marca no ha disminuido: “Santa Crux fue mi primer hijo. Ahora tengo dos y quiero que ambos vean lo que significa construir desde el amor y la disciplina”.
Este episodio de Detrás del Like es más que una conversación sobre emprendimiento. Es una declaración de principios para todos los que han tenido una idea, la han visto tambalear, pero no la han dejado morir.
“Han pasado 15 años desde mi primera pasarela. Aún no me conoce el mundo entero, pero sé que lo hará. Porque esto no es una moda, es mi propósito”.