Tatiana Niño tejió una marca desde la vulnerabilidad, la fe y el amor por lo hecho a mano.
En medio de una quimioterapia, sin cabello y con el alma buscando razones para aferrarse a la vida, Tatiana Niño encontró un hilo que la sostuvo: el Miyuki. Lo que comenzó como un hobby durante su tratamiento de cáncer de seno, se convirtió en Tata Design, una marca de joyería artesanal que ha viajado de Canadá a Colombia, de Cataluña a Viena, y que hoy es símbolo de resiliencia, belleza y propósito.
Pero más allá de los hilos, colores y accesorios, esta es la historia de una mujer que no se rindió. Que encontró en el dolor su mayor milagro, y en su fe, la energía para crear una comunidad.
Tejer para sanar, tejer para vivir
Tatiana es diseñadora industrial, vive en Montreal, y su marca nació mientras enfrentaba uno de los capítulos más duros de su vida. En Colombia, donde viajó para recibir tratamiento, conoció el arte del Miyuki gracias a una cuidadora que le enseñó desde cero. Sin pretensiones comerciales, empezó tejiendo con el objetivo de regalar aretes a sus amigas. Pero no alcanzó a hacerlo: desde el día uno, las personas querían comprarlos.
“Yo siento que fue un regalo de Dios. Él sabía que yo siempre había querido esto. Y me lo entregó justo cuando más lo necesitaba”.
Ese impulso espontáneo se convirtió en marca. Y la marca en plataforma. Hoy, Tata Design no solo produce accesorios únicos con Miyuki japonés, sino que además ofrece talleres en Canadá para mujeres inmigrantes, creando comunidad y sanación entre hilos y conversaciones.
Los cursos de Tatiana no son solo para aprender a tejer. Son también espacios de desahogo, escucha y conexión emocional. Mujeres que llegan estresadas, con el corazón agotado, encuentran en los telares un respiro. “Se crea algo sagrado, como un círculo íntimo. Algunas lloran, otras confiesan cosas que no habían dicho en años”, cuenta Tatiana.
Y en medio del taller, hay una constante: la presencia de Dios y la Virgen. Porque Tata Design también es un proyecto consagrado. Tatiana no solo reza a diario, sino que encomendó el emprendimiento a Santa Ana, la madre de la Virgen María, en una iglesia cercana a Montreal. «Santa Ana le enseñó a tejer a María… y ahora me guía a mí», dice con emoción.
La historia de Tatiana también es la historia de un milagro: Mía, su hija, que llegó a su vida a pesar de que los médicos aseguraban que no podría quedar embarazada. “Le prometí a Dios que si quedaba en embarazo no tomaría trago hasta los 40… y a la semana ya tenía la prueba positiva en la mano”, relata. Y mientras Mía crecía, Tatiana libraba la batalla contra el cáncer con una sonrisa, fuerza, oración y un rosario que aún reza cada día a las 11 a.m.
Una marca que se construye con propósito
Hoy, Tata Design ha vendido en cinco países, sigue creciendo en redes sociales y sueña con tener una tienda física donde pueda unir ventas, talleres y espiritualidad. Pero Tatiana no corre. Confía. Cree que Dios le irá abriendo el camino.
“Cada vez que dudo, vuelvo a orar. Porque la angustia no viene de Dios. Él es dueño del oro, la plata… y también de las marcas”.
En un mundo donde todo parece medirse por ventas y seguidores, Tata Design nos recuerda que una marca también puede construirse desde el alma, la vulnerabilidad y la fe. Que a veces los hilos que más duelen son los que más sostienen.