En Detrás del Like, Andrés Gómez Osorio —conocido en redes como Agomoso— conversó sin filtros con Paula Castillo Lenis. Es periodista, escritor, consultor y comediante. Su historia es la de alguien que ascendió desde una cama sencilla en Kennedy hasta escribir discursos presidenciales, solo para descubrir que su verdadera voz estaba en hacer reír a otros con las incoherencias propias y ajenas. Su trayectoria es una radiografía del país y, sobre todo, de sí mismo.
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El periodista que dormía con un cubrelecho de Mickey… y cubría Presidencia
Antes de los escenarios y los bares, Andrés era “el practicante que le discutía a Enrique Santos”. A los 23 años ya cubría Presidencia para El Tiempo. Viajaba en el avión presidencial, sus notas periodísticas las comentaba Julio Sánchez Cristo al aire y, mientras escuchaba la radio en la misma cama que compartía con su hermano, pensaba: “Están hablando de lo que publiqué yo.”
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Ese ascenso profesional convive con una imagen tierna y brutal: Andrés seguía viviendo con sus papás, en una habitación sin lujos, pero con la sensación de haber cumplido su sueño periodístico. Ese contraste —poder vs. realidad, éxito vs. vida cotidiana— atraviesa toda la entrevista.
Del periodismo al poder: escribirle discursos a Santos
Harto de ganar poco y sintiéndose “un idiota útil del poder”, renunció a El Tiempo y saltó al mundo político: primero con Noemí Sanín y luego con Juan Manuel Santos. En la campaña, pasó de contestar entrevistas con temas que no conocía —desde Fenavi hasta el periódico de Chapinero— a redactar un cuestionario para El Universal de Ecuador sobre la crisis bilateral. Fue ahí donde Santos vio su trabajo por primera vez.
Después se integró al equipo de discursos. Y vinieron los episodios dignos de serie: un comunicado modificado por él desató un caos entre uribistas, quienes pedían su cabeza sin saber quién era ese “Andrés Gómez” que aparecía como editor. JJ Rendón terminó defendiéndolo personalmente.
Ese fue solo uno de varios momentos que lo hicieron entender el juego del poder. Y también lo que lo empujó a soltarlo.
El origen de un comediante: pelear contra el poder… pero con humor
Andrés confiesa que siempre ha sido un confrontador del poder. En su infancia, eso fue instinto; en el periodismo, herramienta; en la comedia, liberación. Para él, reírse es otra forma de “golpear hacia arriba”, de desnudar incoherencias y exponer verdades incómodas.
Su primer blog —Le puede pasar a usted— fue el más leído de eltiempo.com. Ahí se burlaba de sus propias tragedias afectivas y humanas. Pero el salto al escenario llegó después, impulsado por un taller con el legendario Gonzalo Valderrama, quien le dio dos órdenes que moldearon su estilo: no hablar de lugares comunes (ñaños, sexo, escatología, clichés), y hablar desde quién es él. Gravedad pura para un comediante emergente.
El día que se subió a un escenario… y nadie se rió
Es una de las mejores anécdotas del episodio: Andrés preparó cinco minutos perfectos para su debut en un bar de la 85. Fantaseó con cambiar la historia del stand-up colombiano.
Fueron cinco minutos de silencio absoluto.
Una señora soltó un “jajá” tímido al inicio. Y ya. El resto fue vacío, incomodidad y humildad. Cuando le preguntó a su mentor por qué lo había dejado subir, él respondió: “Porque así es que se arranca.”
Ese fracaso lo formó más que cualquier éxito.
Una comedia limpia, observacional, obsesionada con la incoherencia humana
Agomoso construyó un estilo propio: comedia blanca, muy observacional, sin recurrir a groserías fáciles, y enfocada en analizar lo absurdo de lo cotidiano —incluida la grosería misma, como en su famoso bit sobre el “gonorrea”.
Su contenido en redes refleja ese tono: los videos sobre “el término de la carne” o la defensa apasionada de las fiestas rolas se volvieron virales y consolidaron su personaje digital.
El niño de Kennedy que imaginaba otro futuro
Uno de los momentos más potentes emocionalmente: Andrés recuerda al niño que fue, creciendo con limitaciones en el Quiroga, con dientes torcidos y muchas inseguridades. Pensaba a menudo si algún día podría “salir de donde estaba”. Hoy, al verse a los 42 años, siente que le cumplió a ese niño: estudios, consultoría, comedia, una vida construida desde cero.
Es en esa parte donde la conversación se vuelve íntima y luminosa.
El Agomoso de hoy: escritor, comediante y personaje digital
Sigue escribiendo publicaciones para organismos internacionales —su “trabajo serio”— pero confiesa que la comedia es lo que más lo mueve. Y su crecimiento en redes lo prueba: cada vez más videos, más interacción, más virales, y más gente que descubre su mirada irónica sobre Colombia.
No vive completamente de la comedia (todavía), pero cada show está lleno de historias que mezclan barrio, política, humor y una autoestima trabajada a pulso. Como él dice: es el oficio más meritocrático que existe: si no te ríen, no sirvió.
La historia de Andrés Gómez Osorio es la de alguien que vivió el poder por dentro, lo desafió desde el periodismo y hoy lo desarma desde el humor. Entre cubrelechos de Mickey, discursos presidenciales, silencios dolorosos en un bar y videos virales, construyó una voz propia, afilada y profundamente honesta.
