En este episodio de Detrás del Like, Paula Castillo Lenis conversa con una invitada que transforma la palabra “duelo” en un concepto completamente distinto: vida, conciencia, propósito y renacimiento.
Sandra Díaz Cuesta vivió una experiencia límite. Murió durante la cesárea de su hija Sofía, estuvo clínicamente sin vida por seis segundos y regresó. Días después, enfrentó el dolor más devastador que un ser humano puede vivir: su hija murió prematuramente.
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Pero esta no es una historia solo de pérdida: es una historia de revelación, de lo que vio, de cómo volvió a levantarse… y de cómo hoy acompaña a miles de personas en sus duelos desde un entendimiento espiritual profundo.
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Este es el tipo de relato que redefine la manera en que entendemos el dolor y la vida misma.
La antesala de la muerte: un cuerpo que se apaga y un alma que despierta
La historia de Sandra comienza marcada por un embarazo de alto riesgo. A los dos meses sufre una trombosis. Al quinto mes, un síndrome HELLP —una complicación obstétrica gravísima— desencadena un colapso orgánico: su hígado se inflama 18 centímetros, su cuerpo se llena de líquidos, sangra por los ojos, la nariz y la boca.
El cuerpo se degrada. El alma se prepara. En medio del caos, ella entra al quirófano para una cesárea de emergencia. Su hija Sofía nacería prematura. Pero antes de que eso sucediera, Sandra muere.
El instante en que murió… y lo que vio
Este no es un relato metafórico: Sandra estuvo clínicamente sin vida durante seis segundos. Pero lo que experimentó no cabe en ese tiempo medido por relojes.
Ella lo describe como una expansión total de la existencia:
- Una luz enorme y cálida, imposible de replicar en la tierra.
- Ángeles, guías espirituales, seres luminosos que la reciben con amor.
- Paisajes y colores que no existen en este mundo.
- Sonidos y cantos que no tienen equivalente humano.
- Y la presencia de su ángel de la guarda, alto, joven en espíritu, alegre.
Dice que su alma “se volvió agua, montaña, árbol, luz”. Que dejó de sentir miedo, dolor y cuerpo. Que lo que existe “después” es gozo, plenitud, amor. Y que lo entendió todo.
Hasta que sintió que caía… un regreso abrupto, como un salto desde lo alto. Volvía a su cuerpo.
Regresó a la vida… pero su hija estaba luchando por la suya
Sofía nació prematura, pesando apenas lo que cabe en una mano. Conectada a cables, monitores, máquinas… pero con una fuerza que conmovía a todos.
Sandra, aún débil, pidió verla. Metió su dedo por un pequeño hueco de la incubadora, tocó la mano de su hija y la cantó con la voz rota por la intubación. Fue un encuentro de almas que se reconocen más allá del cuerpo.
Pero tres días después, Sofía sufrió varios infartos. En el cuarto, su pequeño corazón no resistió.
Sandra había vuelto de la muerte… para enfrentar otra.
Y la caída emocional fue brutal: meses sin salir de la cama, depresión profunda, pérdida de propósito, oscuridad total.
El renacer después del dolor: arte, señales y un colibrí que lo cambió todo
Dos cosas la sacaron del abismo:
1. El arte como terapia inesperada.
Un taller de arte country, una muñeca y una profesora que le da pinceles sin pedir nada a cambio. Sandra llora pintando. Pinta durante horas, días, semanas. El arte le abre una grieta hacia la vida.
2. Una conferencia sobre “encuentro entre almas”.
Una meditación que conecta su alma con la de Sofía. Un respiro profundo que le devuelve un propósito. Pero la confirmación llegó en forma de señal.
Un día, mientras veía la montaña desde su oficina en un piso 11, un colibrí se posó frente a ella. Durante segundos, tal vez minutos, tal vez horas —el tiempo se distorsionó— volvió a sentir la misma energía luminosa que experimentó al morir. Ese fue su segundo renacer.
Del dolor al propósito: nace Alma Conexión Plata
Hoy Sandra es terapeuta, coach energética y creadora de un método que acompaña duelos desde un enfoque compasivo, espiritual y humano.
Acompaña a:
- mamás que perdieron hijos
- esposos y esposas en duelo
- familias atravesadas por la muerte
- personas que buscan entender sus dolores
Y creó algo más: su proyecto es guiado, según ella, por Sofía. Una hija que vino a vivir solo tres días, pero que dejó un legado gigantesco.
La lección más potente del episodio
Sandra lo resume de una forma que marca al corazón:
“No somos el cuerpo. Somos el alma.
Y cuando partimos, lo que vivimos es luz, amor, plenitud.
A los que se van, hay que amarlos en su camino.
Y a los que nos quedamos, nos toca vivir”
Este episodio no solo cuenta una historia.
Resignifica la muerte.
Expande la vida.
Y recuerda que los vínculos no terminan: cambian de forma.
