En este episodio de Detrás del Like, Paula Castillo Lenis conversó con Esperanza Cruz, tanatóloga, especialista en duelo y una mujer que asegura haber vivido desde niña entre dos mundos: el visible y el invisible.
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Pero esta no es una historia de espectáculo paranormal. Es una conversación profunda sobre dolor, propósito, fe, pérdidas y transformación.
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Una niña que veía lo que otros no podían ver
Desde los cinco años, Esperanza sabía que algo en ella era distinto. Veía personas que otros no veían. Escuchaba mensajes que nadie más escuchaba. Lo que para ella era natural, para su familia era desconcertante.
En medio de la inocencia infantil, creyó que tenía “gafas mágicas” que debía romper. Intentó lastimarse un ojo con un compás para dejar de ver lo que veía. No funcionó.
Su madre la llevó a médicos, sacerdotes y psiquiatras. Hasta que uno de ellos, después de escucharla describir a su propia madre fallecida, le dijo a su mamá:
“Usted no tiene una niña enferma. Tiene una bendición”. Esa frase cambió el rumbo de su historia.
El primer gran duelo: perder a su padre sin que muriera
A los diez años tuvo un sueño vívido con la Virgen María. En esa experiencia —que ella describe como profundamente real— recibió advertencias sobre lo que ocurriría con su papá.
Horas después, su padre sufrió una emergencia neurológica que lo dejó con secuelas permanentes.
No lo perdió físicamente, pero perdió la versión del papá que conocía. Y ahí vivió su primer gran duelo.
Ese momento marcó dos cosas:
- La confirmación de que su don era real.
- La comprensión de que el duelo no siempre implica muerte.
Porque el duelo también es perder una versión de alguien.
Perder una salud.
Perder una vida que imaginábamos.
¿Qué es realmente la tanatología?
En la conversación, Esperanza redefine el concepto. La tanatología no es “tratar con la muerte”. Es acompañar procesos de pérdida.
Y pérdida puede ser:
- La muerte de un ser querido.
- Un divorcio.
- Un despido.
- Una jubilación.
- Un diagnóstico médico.
- La pérdida de la salud.
- La ruptura de un proyecto de vida.
“El duelo es el proceso que hacemos cuando algo o alguien con significado profundo deja de estar”, explica. Y su enfoque es claro: No empuja, no guía, no impone creencias. Acompaña.
La adolescencia: cuando el don se convirtió en maldición
Saber que alguien cercano iba a morir y no poder evitarlo la llenó de rabia. Rompió su relación con lo divino. Se refugió en una estética oscura, amistades rebeldes y un intento por desconectarse de su sensibilidad.
Hasta que una experiencia con drogas la confrontó de forma brutal.
Dice que ese día “vio el inframundo”: entidades conectadas a personas que consumían. No como una escena de película de terror, sino como una realidad energética que la estremeció.
Ese fue el punto de quiebre.
Entendió que su sensibilidad no era castigo. Era responsabilidad.
El banco que cambió su vida
Durante años trabajó en el mundo corporativo, sintiéndose profundamente fuera de lugar, hasta que un día, haciendo fila en un banco, sintió una presión física intensa. Percibió el espíritu de un hombre con flores tipo cartucho. Insistía en que debía dar un mensaje. Con miedo, tocó el hombro de una mujer y le dijo: “Señora, yo hablo con los muertos”.
El hombre era su esposo fallecido. Ese día habría sido su aniversario. Él siempre le regalaba esas flores. La mujer volvió a florecer después de ese encuentro. Ese fue el momento en que Esperanza entendió que no podía seguir ignorando su llamado. Renunció y decidió dedicarse por completo al acompañamiento en duelo.
Hoy suma más de 6.000 consultantes.
El verdadero milagro: cuando el dolor se transforma en propósito
Para Esperanza, el éxito no es que alguien “supere” una pérdida. Es que pueda reconciliarse con la vida.
Ha acompañado padres que perdieron hijos por enfermedad.
Padres que perdieron hijos por violencia.
Madres en duelo perinatal.
Personas que recibieron diagnósticos devastadores.
Su enfoque no promete borrar el dolor. Promete resignificarlo.
Habla de transición:
- El alma del ser querido hace su transición.
- Pero el doliente también debe hacer la suya.
Cuando una madre vuelve a reír.
Cuando un padre transforma su pérdida en una fundación.
Cuando alguien elige vivir sin sufrimiento, aunque el dolor permanezca.
Ahí, dice, ocurre el verdadero milagro.
“Ellos están a un pensamiento de distancia”
Uno de los conceptos más poderosos que comparte es que el vínculo no se rompe. Se transforma.
Según ella, el alma tiene lenguaje.
Incluso la de un bebé que nunca habló.
Incluso la de alguien que murió repentinamente.
En sus sesiones no hay teatralidad ni voces alteradas. Hay mensajes que llegan como sensaciones, códigos físicos, olores, recuerdos específicos.
Para algunos será fe.
Para otros, energía.
Para otros, psicología profunda.
Pero para miles de personas ha sido alivio.
Más allá del misticismo: una mujer profundamente humana
Esperanza rompe el estereotipo del “gurú espiritual”.
Baila salsa.
Ríe.
Llora.
Es madre.
Se enoja.
Se equivoca.
No se presenta como maestra.
Se define como acompañante.
Y quizás ahí está la clave de su impacto: en la coherencia entre lo que dice y cómo vive.
Un episodio que confronta y abraza
Este capítulo de Detrás del Like no es para escuchar de fondo. Es para sentir.
Habla de muerte, sí.
Pero sobre todo habla de amor.
De propósito.
De elegir no vivir desde el sufrimiento.
De entender que el duelo no es el final, sino una transición.
En tiempos donde evitamos hablar de la muerte, esta conversación abre un espacio necesario: el de mirar el dolor sin miedo.
Porque detrás del like, también hay despedidas. Y también hay esperanza.
