En este episodio de Detrás del Like, Paula Castillo Lenis conversa con Juanse Laverde, cantante y compositor colombiano. Lo fácil sería decir que ganó La Voz Kids a los 11 años, que llenó escenarios, que pasó por La casa de los famosos y que hoy, con 19 años, es cantante y creador de contenido. Pero lo real —lo que duele, lo que incomoda y lo que explica todo— está en lo que pasó cuando se apagaron las cámaras.
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Este episodio de Detrás del Like no es sobre fama. Es sobre lo que cuesta sobrevivir a ella.
Un niño que nunca fue un niño
Antes de los aplausos, hubo silencio. Uno incómodo. Juanse creció en una familia profundamente conectada con el arte: música, danza, teatro. Pero también creció en medio de realidades duras, entornos vulnerables y una sensibilidad que no encajaba en los moldes tradicionales.
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En el colegio, eso se convirtió en blanco fácil. Bullying constante. Señalamientos por “no ser suficientemente masculino”. Un niño brillante, pero retraído. Talentoso, pero apagado.
“Yo sabía que tenía talento, pero me daba miedo existir”, confiesa.
Ese era el niño que llegó a audicionar.
El día que todo cambió (y empezó el verdadero problema)
La historia de su entrada a La Voz Kids parece sacada de un guion: un casting improvisado, una llamada inesperada, un niño cantando desde el miedo… y todos los jurados llorando.
Ganó.
Y con eso, perdió algo más.
Porque el éxito no llegó de a poco. Llegó como una avalancha.
Miles de personas afuera de su casa. Multitudes persiguiéndolo en centros comerciales. Shows constantes. Ocho, nueve presentaciones por semana.
A los 11 años.
“Pasé de ser invisible a que la gente me cargara en brazos”, cuenta.
Pero nadie le enseñó a manejar eso.
La fama también puede ser violencia
Lo que muchos llaman “éxito”, para él fue sobreestimulación, presión y miedo. Fans que lo mordían, personas invadiendo su espacio, expectativas imposibles de cumplir. Y una idea que se le clavó desde muy pequeño:
“Siempre tienes que ser agradecido… incluso cuando estás cansado”.
El problema es que nadie le preguntó si podía con todo eso.
El momento en que se rompió
El punto de quiebre no fue emocional. Fue físico. Su voz se fue. El exceso de shows, el cansancio, la mala alimentación y decisiones improvisadas para sostener el ritmo terminaron afectándolo. A eso se sumó el cambio natural de la adolescencia. Y de repente, lo único que lo sostenía… desapareció. Ahí llegó la pregunta más dura: ¿Esto vale la pena?
Depresión, culpa y una vida que no se sentía propia
Durante años, Juanse cargó con una contradicción brutal:
Por fuera: éxito, fama, reconocimiento.
Por dentro: tristeza, desconexión, vacío.
“Me decía a mí mismo: hay gente que quisiera estar en tu lugar… ¿por qué te sientes así?” Esa culpa lo hundió más. Hasta que tomó una decisión radical.
A los 15 años se fue de su casa
Sin escándalo, sin anuncio. Se fue. Con su hermana, alquiló un apartamento y empezó a reconstruir su vida desde cero. Aprendió a trabajar, a generar ingresos desde redes, a sostener un hogar.
Mientras tanto, su familia se fragmentaba: separaciones, decisiones difíciles, historias complejas que él mismo hoy mira con comprensión, no con juicio.
“Todos eran adultos rotos intentando sobrevivir”, dice.
El lado oscuro del mundo influencer
En ese proceso también vivió otra realidad: la del mundo digital.
Alcohol desde muy joven.
Entornos que normalizan excesos.
Relaciones que no siempre eran sanas.
Hasta que alguien apareció para poner límites.
Su jefa de prensa, Paola, se convirtió en una figura clave: orden, guía, contención. A veces, el amor no llega en palabras… sino en detalles simples.
Volver a la música, pero esta vez en sus propios términos
Juanse no dejó la música porque no la amara. La dejó porque nunca tuvo control sobre ella.
Cuando volvió, lo hizo distinto:
- Sin presión
- Sin prisa
- Desde lo emocional
Canciones como Alma y Mariposa nacieron desde el dolor, pero conectaron profundamente con su audiencia.
Y ahí entendió algo que lo cambió todo:
Su historia estaba sanando a otros.
Personas que le decían que su música las había salvado.
Fans que encontraban en sus letras lo que él mismo había sentido.
“Ahí entendí por qué hago lo que hago”.
El regreso a los escenarios… y a sí mismo
Su gira en Venezuela fue el punto de quiebre positivo.
Miles de personas.
Conexión real.
Un público que no lo veía como un producto, sino como alguien que los entendía.
Y por primera vez, la fama no se sintió como una carga.
Se sintió como propósito.
¿Y entonces por qué incomoda tanto?
Porque Juanse no encaja.
No responde como esperan.
No se comporta como “debería”.
No edita su historia para quedar bien.
Y en un mundo que prefiere versiones cómodas, eso molesta. “Más que hablar de mí, muchas críticas hablan de la sociedad”, dice.
Lo que nadie dice del éxito temprano
Juanse lo resume con una claridad brutal: “El problema no fue la fama. Fue cómo la manejaron”. Porque mientras “Juanse” era explotado como artista, “Sebastián” —el niño— se estaba rompiendo.
Hoy: 19 años, y una vida que apenas empieza
Le dicen inmaduro.
Le dicen polémico.
Le dicen muchas cosas.
Pero hay algo que es innegable:
Ha vivido más de lo que muchos viven en décadas.
Y hoy, por primera vez, está eligiendo cómo contar su historia.
